La sangre que corre por nuestras venas, es la misma; esa es la razón por la cual no podemos evitar sentir las mismas cosas, sean las que sean. Llegué a sentirme en el subsuelo de los abismos más oscuros, estando a la expectativa del consuelo próximo, igual que vos. Llegué a sentir esa maldita opresión en el pecho, incesante, incanzable, en la que toda esperanza era vacía de sentimiento, la cual me atormentó durante horas, y hasta días. Llegué a sentirme en la más oprimente y fría caverna, buscando desesperadamente algo que estaba ahí mismo. Sólo que no TAN ahí.
Llegamos a sentir que nada en este lugar estaba bien. Todo eran contras y no pros (al menos, así lo veíamos), Sabemos lo que falta, pero, ¿es tan fácil cómo luce? No, ambos sabemos que no. No es fácil. Aunque... tampoco inalcanzable. Es persistentes como tenemos que continuar luchando. Luchando contra la marea. Aunque la respuesta está al alcance de nuestra mano.
El sexo es una batalla, el amor es la guerra.
Todo esto pasó por un extraño y largo proceso en el que nos sentimos... mitades de una cabeza. Era como si las mentes de fusionaran, como si fueran... la misma. Y jamás pensé que llegaría el día en el que tuviera esa extraña sensación. La conocía por un simple nombrar popular, aunque no definitivo, y siempre dubitativo para mi. Hasta hoy.
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