martes, 27 de diciembre de 2011

Hace poco, entendí que el alma puede sentir dolor. Un dolor inimaginable que a veces no entendemos... Pero pronto lo haremos. Dolores provocados por piedras que, pensamos, jamás aparecerían. ¿Renunciar...? No, gracias. No puedo hacer eso. Cuando este tipo de cosas aparecen, sentimos que el mundo cae, que se destruye a pedazos y se desmorona segundo a segundo. Y todo eso en tan sólo un instante. ¿Qué se supone que debemos hacer para combatir esas cosas? Es horrible, es espantoso, pero sí; a veces, los duelos llevan TIEMPO. Tiempo que no queremos, tiempo que odiamos, pero que debemos invertir en eso; esperar. Calculo que a todos nos gustaría vivir en un mundo donde todo es un cuento de hadas y nadie tiene el más mínimo problema, ¿no? Sí, es claro. Pero ¿qué pretendíamos? ¿Que todo sea así de utópico? Supongo que de lo malo siempre se puede sacar algo bueno... Crecer, fortalecer, hacerse una roca. Pero yo no quería eso. Bueno, en realidad, sí crecer, si fortalecerme... Pero endurecerme, es padecer una enfermedad incurable. Es soportar durante un tiempo indeterminado. 
Vivimos en un mundo donde nos corroe la desgracia, pero también en un lugar donde la felicidad y el perdón existen. Sentirme sólo, aislado, es sólo una octava parte de lo que me pasa. Sentir un vacío, un agujero negro en el corazón, es posiblemente una forma de describirlo. Ver las cosas acumularse, una tras otra, para formar una masa negra y dura que es impenetrable, logra que mi mundo se desmorone de a poco, lentamente... Es como ver a las torres gemelas cayendo. Sólo que éstas representan mi ánimo. 
Miedos... Miedos que lastiman. Los mismos que nos hacen preguntarnos día a día en qué apoyarnos para soportarlos. Me pregunto si habrá alguna forma de tolerar estas situaciones. Me pregunto qué será real, y qué será efímero. Me pregunto qué hacer. 
A veces la vida sabe dónde golpear... Nos conoce demasiado bien. Nuestro talón de Aquiles está siempre demasiado vulnerable... ¿Será que lo dejamos tan al descubierto? No, no creo que queramos hacernos daño a nosotros mismos. Sería hipócrita y carecería de sentido. 
Busquemos, busquemos consuelo de donde podamos, tomemos mantas que se desprenden a nuestro lado para aferrarnos firmemente a ellas y evitar llegar al (sub)suelo que esta abajo nuestro. 
El ser humano debe estar preparado para tolerar una cierta cantidad de sufrimiento físico y mental. Pero, como bien dije, cierta. Ahora bien, cuando varias cosas se juntan, creo que es ahí cuando el punto máximo es alcanzado. Puede que reaccionemos de distintas formas... Puede que haya gente que sepa hacerle frente a todo sin derramar una sola lágrima, como también puede haber gente que no soporte más y grite a los vientos un buen ¡BASTA!, y hasta puede que haya alguien que haga ambas (haga frente, pero sin nadie viéndolo explote). No me considero partícipe de ninguna de las tres. Por mi lado, es distinto. No me defino una persona débil, pero sí alguien que tiene dificultad para hacer frente a la adversidad. Me caigo rápido. Cuando algo me duele, me es insoportablemente dificultoso visualizar una solución mientras me encuentro así. Y es así como estoy. ¿Cómo hago para salir de algo así, estando en medio del drama? Cegado por las lágrimas que me resbalan por la mejilla al escribir esto, todo es mucho más difícil de lo que creí. Pensé, como iluso, que duraría poco tiempo. Pobre niño, esto recién es el comienzo. Si creíste que a esta altura de la vida, esto es lo peor, esperá crecer. Ahí es cuando los problemas van a ser más heavys. 
¿Será que llegué a un punto en el que tengo que probarme a mi mismo si soy capaz de soportar lo que se viene? Puede ser... Pero no voy a negar que duele. Duele mucho. Y no estoy listo para más, cuando todavía no termino de resolver lo que me pasa hoy.  
La vida es corta. Pero está tan llena de pruebas y obstáculos, que se siente como si fueran sólo segundos.

No hay comentarios: