Una de las mejores experiencias de toda mi vida entera... Algo que jamás saldrá de mi cabeza hasta el día en el que muera (y ni siquiera). Estos son los shows que en verdad valen la pena al pagar hasta el último centavo. Y nadie puede irse de algo así, sin por lo menos haberse llevado una impresión, una lágrima, un sentimiento, una imagen impactante... que fueron un cuarto del recital en su totalidad. Fuegos artificiales, un muro de 170 metros a lo largo, simulando en una pantalla gigante en HD que ocupa todo el estadio, un chancho volador con mensajes, insultos e imagenes, un sonido impecable que hacía creer a uno que tenía un helicóptero atrás de la oreja, un Rogelio Aguas hablando en un castellano medio gringo, e infinidad de cosas más que son totalmente indescriptibles. ¿Cuál sería la mejor palabra para definirlo?
Perfección.
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