lunes, 7 de marzo de 2016


Hay algo que la gente -o al menos, la mayoría- aún no comprende. 
Muchas veces, creemos que el amor o demostración de afecto, es el exhibido en una red social. Hipócritamente. Como si de nuestra vida dependiera que toda la world wide web se entere de nuestros sentimientos, y pensamientos por alguien. Es real, ridículo, y triste. Y todos caímos en algún momento de nuestras vidas, por más que hayamos incursionado sólo en una dedicatoria post mortem a modo de descargo. Caímos, queramos verlo o no. 
El gran inconveniente, es que no llegamos a racionalizar lo mucho que se necesita que esto sea trasladado al mundo tangible, concreto, no abstracto. Sí, todo avanzó. Sí, se perdieron las cartas escritas en puño y letra con tanta dedicación, siendo reemplazadas por una foto virtual acompañada de una -muchas veces- extensa dedicatoria, como si cuanto más largo fuera lo que escribieramos, más validez tuviera. ¿Qué carajo nos pasa? ¿A quién le tenemos que demostrar cuanto queremos a alguien, más que a la persona concreta a la que se lo queremos decir? ¿Tan necesitados de aprobación estamos?
Si no se llega a un acuerdo tácito en donde todos y cada uno de nosotros dejemos de plasmar nuestra vida en un diario imaginario a la vista de todo el mundo (lo cual está sucediendo desde hace una década o más, con el inicio del Fotolog), la destrucción es inevitable. 

Inequívocamente necesitamos detenerlo.

¡Oh, pero qué novedad, y cuánta coherencia! ¡Este chico hace su descarga en un blog donde todos puedan leerlo! 

¡Q picardía!

Lo lamentable de esto, es que no lo hago para recibir aprobación. Sino para, de algún modo, despertar en la gente indicada, el síntoma indicado. Moverlos, causarles ruido. Intentar (en vano o no), que alguien entienda y se de cuenta de lo que hablo.

Resaltar las mejores cosas que nos pasan solamente de manera pública, para que todos nuestros ojos sean testigos, no es salud. Tampoco lo es compartir fotos de un pobre bebé con un forúnculo en su oreja. 

A lo que me refiero, básicamente, es a hacer las cosas en su punto justo. Sería estúpido pretender que todos apaguemos nuestros dispositivos, y nos olvidemos para siempre de lo que alguna vez, fue una especie de refugio del mundo exterior. 

Es pretendido, y esperable, que las cosas buenas, TAMBIÉN se remarquen en cara. Aprendamos un poco, viejo. Me cansa escuchar únicamente defectos y semblanzas negativas sobre una persona encontrándome en un ámbito tan habitual y cotidiano como lo es el trabajo, el hogar, o una facultad. 

¿Saben hace cuanto que no escucho que alguien diga "estoy orgulloso/a", de manera honesta, FUERA de una red social? Creo que no lo recuerdo. Todo siempre "está mal", "así no", uno "no es ejemplo" de las cosas... 

En fin. Muchas veces, y acá lo extrapolo a mi propia experiencia, sólo se me resalta lo malo, lo insuficiente, lo no adecuado o lo que "se supone que debería hacer/decir/pensar". Son situaciones que agotan. 

Porque no se terminan teniendo en cuenta muchas otras.



Resumen para el lector vago y/o escaso de tiempo:

  • Cuando querés demostrar a alguien que lo querés: ¡Vamos a Facebook! No, pero mejor comparto la foto en Instagram, Twitter, Snapchat, Pinterest, MySpace, Fotolog, Culolog, Pedogram. *Dedicatoria de 70 páginas, con 56 Manitos arriba*
A esperar las notificaciones...

  • Cuando hacés las cosas como se esperaba: "¡Bien! Me alegro."
Fin del destaque. No más mimo.

  • Cuando hacés las cosas mal: "Yo no puedo creerlo. ¿En serio pensás así? Hay tantos chicos que hacen las cosas desinteresadamente... La otra vez hablé con una madre que me contaba que su hijo iba y venia 68 kilómetros sólo para buscarle la cartera que se había olvidado en la casa de su tía abuela, y de paso le hizo las compras sin que tuviera que decir nada. ¿A vos te parece? ¿No creés que tendría que salir de vos hacer las cosas sin que nadie te diga nada? Porque cuando yo tenía..."
El desquite sigue. 

Y sigue.

Y sigue...

  • Cuando alguien fallece: "¡Ay, pero era tan bueno! ¡Tan querido! Muy atento, siempre se fijaba, estaba presente, rodeado de gente que lo apoyaba en todo, porque se lo ganó, y..."
Los errores de nuestra vida mágicamente desaparecen, pasan a segundo plano, para destacar que fuimos próceres de una incansable batalla. Y todo eso... 


¿En dónde lo plasmamos?





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