Y el problema radica en cuando tenemos tantas ganas de conseguirlo, que en el momento culmine, cuando creemos que lo tenemos, que llegamos, que le estamos dando la mano, un paredón de 7 metros de alto nos golpea de lleno en la frente.
Es tal la frustración que aparece en ese momento, que casi que no queremos buscar más. Nos agotamos. Pensamos que todo lo que hicimos fue completamente inservible, y que no tuvo sentido alguno.
Eso desmotiva.
Y mucho.
¡Basta, viejo!
¿Qué se supone que debe hacer uno para abrazar a su ideal alcanzado, y no sólo acariciarlo desde lejos, con la esperanza de algún día tenerlo?
Y no me vengan con que las cosas no llegan solas... Porque yo busqué.
Pero no llega, hace rato.
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