miércoles, 21 de septiembre de 2016

No entendemos que lo que hay que hacer, es dejar de entenderlo todo. Pensar, escabullir hasta los más putrefactos y mohosos tramos dentro de la cabeza, dilucidar toda cuestión que se presenta y genera.

Muchas veces, es eso lo que genera el inconveniente. Problemas que no existían, ahora sí lo hacen, debido a ese bucle contínuo de marañas generadas por nosotros mismos.

No es tan difícil, che. Realmente no lo es. No puede ser que proyectemos tanto cosas que nunca van a pasar. O por lo menos no en este momento. ¿Es necesario, de todos modos? Porque ni siquiera. Sólo genera malestar. Si me dijeran que aporta, y bueno... Dejémonos llevar, saltemos y que el viento nos lleve. Pero en este, y creo que en cualquier caso, deja de tener relevancia.

Si fueramos más conscientes de que el propio daño sale desde adentro de nuestra cabeza, sería todo más fácil. Aunque en realidad, quizás sí lo somos. Quizás lo entendemos. Pero el gran debate interno es:

¿Por qué le das tanta importancia?

¿Por qué no te relajás y ya?

¿Por qué no acallás?


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