sábado, 28 de septiembre de 2013

Es en estos momentos que empiezo a comprender el poder de las palabras "querer es poder". Un poder incalculable que se traduce en hechos concretos. Un poder con la increíble capacidad de convertir a la nada misma, en una utopía de la perfección.
Todo comienza con los gustos. ¿Qué te atrae, qué te mueve el piso? Es eso lo que después converge hacia una ruta en la que una vez que entrás, ya está, no salís. Bah, si es que realmente querés... Y ahí está el secreto. Desearlo con desesperación, que se encarne hasta en la más mínima porción de tu ser. Que tus ansias, iniciativa, y todo lo que está dentro del paquete optimismo desemboque ahí.
Una vez que notaste qué es lo que hace a tu vida un poquito mejor, encaminá por ese lado. Haceme caso... Así se encuentran las grandes cosas. Vas a darte cuenta de que a medida que el tiempo pase y pase, te va a gustar cada vez más, al punto extremo de convertirse en una pasión. Cada vez que tengas que repetirlo vas a sentir algo indescriptible, una sensación de adrenalina y euforia que no vas a encontrar - jamás - en ningún otra cosa. Comenzás a darte cuenta de que eso es lo que querés hacer con tu vida. Por momentos, vas a tener algún que otro instante de inseguridad (¿es esto lo que quiero de verdad?), pero son fugaces. Si ponés ese *nosequé*, se pasa.
Salís de la secundaria, convencidísimo de querer estudiar eso hasta el final. Te das cuenta de que, en la carrera que elegís, no sirve únicamente estudiar y esperar sentado a que alguien te llame.

Hay que moverse.


Corré. Elegí. Sentí.


Y después, disfrutá.

Lo bueno está llegando...

Ya llega...

Ya llegó.

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